jueves, 13 de diciembre de 2012

SIEMPRE TU

Rondas a todo lo que me rodea de nuevo.
¿Qué esperas que haga?
Fácil y no debo actuar, como antes.
Fácil y no es nada.


jueves, 15 de noviembre de 2012

Monólogo interno

Hoy día vi esa medallita de bronce de Berlin y me remonté al momento ese que hace tanto no recordaba. Fue como una canción de jazz, impredescible y con imprevistos. Y tú que nunca entendiste el jazz, el blues, la Erich Heckle, el vino rosé y mis susurros de los compases de Nils Wogram en tu oreja. Ahora que hago memoria, tu oreja era el mejor lugar de mi boca, increíble, porque las partes de mi rostro no encajaban entre sí pero sí encajaban con las tuyas, como si mis ojos se sintieran más cómodos con tus labios que con los míos, quizás por eso yo sola no me sentía completa y te necesitaba para que me complementes, para que mi boca se sintiera tranquilita con tu oreja, susurrándote. Y si volvemos a la medallita de Berlín me dirías quizás que empiece con todo lo de Alemania, te ríes y me miras con esos ojitos saltones y te digo que ese idiota de Marx se las sabía todas, tú con la Kant y yo con la Marx, mientras ambos concordamos que ese Bach ha sido el mejor compositor del mundo y que el Barroco fue terrible. Que yo prefiero los años veinte con el jazz y los blues con la Erich Pechmann y la Fritz Weiss y tú prefieres ahora en el ahora, que nunca hubieras podido con las afueras de Berlín campestres y florecidas, que mi buhardilla a terciopelo no convendría con la tech del new age y que las pinturas siempre te recordaron a un pasado recóndito, oscuro y ambivalente. Ambivalente. Siempre que veías esas pinturas expresionistas de Erich Heckle, decías "pero qué ambivalente", ¿alguna vez supiste el verdadero significado de esa palabra? Como cuando usabas las palabras por usar, y decías por favor y gracias cuando debías decir gracias y por favor y, disculpa, disculpa las decías todo el tiempo, como cuando te equivocabas de si era el queen o el king, madamme o mosieur, si mis lágrimas eran lágrimas y no risas, y mis risas eran por esas lágrimas, si mis lágrimas eran tus lágrimas que yo ya no sabía si eran las tuyas, las mías o las nuestras, que al final daba igual, que si mis lágrimas venían por las tuyas, acababan siempre, siempre, siendo las nuestras. Que si nosotros eramos como esa melodía de jazz, impredescible y con imprevistos. Que si toda nuestra relación fue como esa melodía de jazz. Como ese soneto de Bach, como esas fúnebres muertes de Pechmann y Weiss, como en nuestros desacuerdos, cuando tu libro favorito era aquel Demian y yo defendía con uñas El lobo estepario de ese tal Hermann Hesse. Como que fuiste mi premio nobel a los naufrágios, a las riñas y al volver, al volver, al volver. Y quizás ese tal Günter Grass se debe estar matando de la risa de la invención de nuestros premios, pero así lo era. No existen premios a tu sonrisa, pero deberían, tampoco hay regalos, ni navidades, ni bajada de reyes, ni niños emocionados, nisiquiera una medalla. Pero tú me diste una medalla. Hasta ahora no sé que significa aquella medalla de Berlín que me regalaste cuando llegaste de tu viaje por las Europas; de todas maneras, la sigo conservando, porsiacaso, uno nunca sabe.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Lo dulce

Querida Doctora Corazón: Hace unas semanas que el chico más dulce del colegio había puesto sus ojos - ocultos por esas grandes gafas- en mí. Yo estoy saliendo con alguien desde el año pasado pero no puedo evitar derretirme por esos poemas que me escribe cuando me reparte una carta cada miércoles y viernes. Se ha convertido en mi amigo cuando antes yo no tenía ni idea de su sola existencia, él dice que siempre supo de mi. A pesar de que se lo mucho que me quiere, siempre acudo a él cuando tengo una pelea con mi - digamoslo así - novio. Él es un chico con problemas y siempre se le ocurre transmitirlos en mí. Grita, pelea, estalla y termina. Es enfermizo. Sin embargo, yo también grito, peleo, estallo y termino. Quizás es por eso que lo entiendo tan bien. Mi amigo, el chico de las cartas, siempre tiene que soportar mis llantos, mis repentinas ganas de saltar desde un auto solo por el hecho de querer hacerlo, mis ganas de beber y mis ganas de fumar por días enteros. Yo lo quiero, pero él también me quiere. No puedo aceptar toda la dulzura que propone en el amor que quiere darme. Entendí, entonces, que quizás a mí me gustaban las cosas aceleradas, como mi personalidad, las cosas difíciles, los retos, lo que me aloca y me hace sentir miserable pero viva, al fin y al cabo.

Ese viernes encontré una carta debajo de mi cuaderno de matemáticas en el casillero:
"Aceptamos el amor que creemos que merecemos"

No lo he vuelto a ver.

Pd: respóndame con brevedad mediante esta misma lechuza, gracias. 

lunes, 8 de octubre de 2012

El engaño

Sofía se levanta por la mañana y abre las puertas de su ropero. Resuelta, recupera el aliento y se da cuenta de que sí compró los pañales del bebe la noche anterior. Observa sus siete pares de zapatos que convinan perfectamente con sus siete vestidos, a sus cortos veintidós años había acumulado tanta ropa como deudas en su tarjeta de crédito. Se sienta al borde de la cama y se percata que ya son las nueve de la mañana y Roberto, su esposo, ya debió haber salido a trabajar hace una hora. El bebe no llora, debe estar dormido.
Sofía se tiende de espaldas en todo el edredón blanco de su cama de dos plazas. Voltea la mirada hacia su celular. No había nada nuevo en él, ni una llamada, ni un mensaje.
Cerró los ojos y respiró fuerte, eso debía significar entonces que debe olvidar rápido y fuerte lo eventos sucedidos en el último mes. No significa nada, Sofía es una mujer fuerte, Sofía es una mujer de familia, Sofia es una mujer ya enamorada. ¿Se puede estar enamorada de dos personas a la vez?


Corrió rápidamente hacia su cartera y botó al tacho del baño la entrada al cine que había utilizado la noche anterior y se le pasó por la mente si  Roberto se habría comido verdaderamente el cuento sobre su amiga enferma y la visita urgente que ella tuvo que hacerle en el hospital aquella noche hasta la madrugada.

De todas maneras, ya nada sucedería. Ayer acordaron que si no la llamaba esta mañana, todo habría acabado.
Sofía se levanta de la cama, toma los pañales y se dirige a la puerta. De pronto el impertinente celular suena: un mensaje llega a sus manos. Sofía sonríe, deja el celular, va hacia el ropero y separa su mejor vestido. Ella saldría esta noche.


viernes, 5 de octubre de 2012

Llamadas

Hola, te busqué , tienes unas cuantas llamadas perdidas en tu celular de mi número y tienes un mensaje diciendo que me devuelvas mis zapatillas.
Espero que en algún momento reacciones y veas todo eso. En fin, quiero ir al cuarto y meterme entre las sábanas de cualquier persona que no seas tú.
Nada de esto me parece extraño. ¿No son así todas las personas? Actuando sin sentido, haciendo cosas porque así les parecen.
¿Qué ha pasado conmigo que ya no quiero que me toques?
En fin, cuando decidas llamarme de vuelta, empaqueta mi ropa y mis zapatillas que te estaré esperando en los columpios.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Vómito verbal

Entonces, recapitulando:

Seguí con las cosas, comencé a escribir como loca y me cambié de carrera (aunque esto haya ocurrido unas miles de veces en el pasado) y planeo un intercambio.
Estoy extrañamente feliz, pero no es una felicidad contagiosa. Es una felicidad interna que nadie puede ver, tanto así que piensan que no lo estoy, que estoy sufriendo, que estoy reprimiendo. Pero no, yo estoy bien y feliz. Por primera vez estoy feliz y es una felicidad independiente, como las que me gustan.

Oh bueno, mi cabeza anda en algunas cosas del chá y ando transcribiendo un cuento para presentarlo en un concurso. Perdí a un amigo por tonterías (también del chá) y me siento perdedora al máximo cuando intento hablarle y me ignora.
Está bien, malnacido, no volveré a hablarte si eso es lo que quieres.

Mi mamá está feliz porque nos hemos amistado y bueno, mi papá es el de siempre y me la paso casi siempre viviendo con él. Últimamente he acompañado a mi abuela a todas partes y me he convertido en su cómplice, como lo era hace muchos años. Esas cosas familiares de la vida.

No me gusta nadie aunque hace unos días casi me pongo a llorar en clase de ética debido a que me acordé cuando hice llorar al extranjero (es gracioso ponerle un apodo) y , en consecuencia, recordé también unas cosas muy bonitas de nuestra relación. Casi comienzo a suicidarme. Pero no lo hice, felizmente (o no).
En fin, no tengo ningún tipo de sentimiento amoroso-arrecho-dependiente-aniquilador por nadie. Y supongo que está bien por ahora. A pesar de esto, aun sigo haciendo un par de cosas muy estúpidas.
Soy estúpida.

En fin, todos estos monólogos que me hago son cada vez más frecuentes y oh!, otra cosa más. Descubrí que no sirvo para los poemas. Por lo menos no para hacer tantos poemas. No puedo ser tan profunda y elegante al mismo tiempo. No me sale. No soy tan exacta.

Estoy escribiendo esto como una loca.
Bueno, cumplí con despejar estas ideas (?) de mi mente, adiós.

jueves, 9 de agosto de 2012

Carta de despedida

Querido Arturo:

Te escribo esta carta con la mejor caligrafía posible para que no se preste a ningún malentendido y, para no hacerla larga y convertir esto en un melodrama hindú te digo para que veas mas o menos de qué se trata: ya se que me engañas. En cierta forma ya lo sabía, quizás fueron mis estúpidos instintos de esposa abnegada,que al parecer tengo, los que me hicieron quedarme todos estos días junto a ti.


Cada vez que me decías "ya vengo" o cuando dejaste de llamar al salir del trabajo, incluso las veces en las que hacías malabares para que jamás tocara tu celular o las incómodas charlas que compartíamos y las peleas que me hacías por todo, hasta por comprar seis limones en vez de cinco. Era tan claro que me engañabas.


Espero, mi buen Arturo, que esa chica soporte todas tus manías. Soporte tus peculiares cambios de humor que me hacían pensar que tenías un complejo agudo de bipolaridad, soporte tus amarguras, tus llantos por creer que no vas a conseguir lo que deseas, tus rabietas engreídas, tus eternas indesiciones , tu inmadurez que a pesar de ser tan viejo aun actúas como un niño que tengo que cuidar todo el tiempo. Realmente sería interesante ver cómo alguien aparte de mí puede soportar todo eso. Dicen que te han visto caminando con ella por la bajada Balta. No se si te da verguenza, todos estos años, y todavía haces que la gente hable de tus trapos indecentes.

Bueno, supongo que ella puede darte un lugar donde quedarte porque ya saqué todas tus cosas de la habitación hoy por la mañana. Cuando termines de leer esto no te molestes en subir al segundo piso, puedes recoger tus cosas que están en la sala (organizadas, porque no quiero tu desorden en lo que ahora es mi casa y, además, no quiero que te quedes más tiempo de lo que necesitas) y no importa si dejas las llaves o no, mañana a primera hora llega el cerrajero a cambiar las chapas.

Cuídate y saludos a la nueva chica.
Mi abogado te llamará el martes al teléfono de tu oficina a las tres,
 cuando llegues de tu hora de almuerzo.

Pd: encontré el pequeño regalo escondido que dijiste que me ibas a dar en mi cumpleaños. Oh cariño, no debiste. Cuando dijiste que me ibas a dar algo pequeño por mi santo pensé que simplemente te bajarías los pantalones.